Producir materias primas para textiles conlleva un riesgos para la tierra, como su degradación, la erosión del suelo, el pastoreo excesivo, la desertificación, la deforestación, el agotamiento del agua dulce, la contaminación, los residuos, la pérdida de biodiversidad, las emisiones de carbono y el cambio climático.
En las últimas dos décadas, la producción mundial de fibra se ha más que duplicado, pasando de 58 millones de toneladas en el año 2000 a un récord de 124 millones de toneladas en 2023. Si todo sigue igual, se prevé que el mercado de la fibra siga creciendo hasta alcanzar los 160 millones de toneladas en 2030. Alrededor del 60 % de todos los textiles se utilizan para confeccionar prendas de vestir. Menos del 1 % de todo el material utilizado para producirlos se recicla para fabricar ropa nueva. Del total de la fibra utilizada para la confección de prendas, el 87 % se deposita en vertederos o se incinera.

El gran usuario
de tierras
El algodón es la fibra natural más utilizada en el mundo y la segunda fibra más producida en la industria textil. El tejido es cómodo, transpirable y resistente.

Los impactos negativos de la producción de algodón a gran escala en las tierras:

Existen cuatro alternativas principales al algodón convencional:

Fibra de lujo con una profunda conexión con la tierra
Obtenida principalmente de ovejas, que dominan esta categoría, pero también de cabras, yaks, camellos y alpacas.
La lana es percibida como un material natural y respetuoso con el medio ambiente, pero la realidad es más compleja.
Los impactos negativos en la tierra de la producción insostenible de lana a gran escala pueden incluir:

Alternativas de bajo impacto
Las fibras vegetales, incluidas las fibras como el yute, el lino, el cáñamo y otras, tienen una cuota de mercado mundial de alrededor del 5 %, excluyendo el algodón y las fibras derivadas de la madera. Si se cultivan con cuidado, las fibras vegetales pueden ser más sostenibles que el algodón, la lana o los sintéticos.


¿Un riesgo de deforestación o una solución sostenible?
Las fibras celulósicas artificiales (MMCF, por sus siglas en inglés), como la viscosa, el liocel, el modal, el acetato y el cupro, se fabrican principalmente a partir de pulpa de madera. La celulosa, componente principal de las paredes celulares de las plantas, se extrae de la pulpa de árboles como el haya, el abedul, el eucalipto, el abeto y el álamo, o del bambú. Los tejidos fabricados con estas fibras suelen ser suaves, transpirables y absorbentes.
En 2023, entre el 60 % y el 65 % de los MMCF contaban con la certificación FSC o PEFC, pero es esencial ampliar las prácticas forestales responsables y la producción en circuito cerrado.

Las fibras de residuos agrícolas convierten la basura en un recurso
Los científicos y la industria que buscan una solución al rompecabezas de la moda sostenible también están buscando una nueva fuente de materiales reciclables: los residuos agrícolas. Los subproductos del sector agroalimentario mundial, como la cáscara de frutas, el aceite de semillas, las hojas de plantas y el biogás, pueden utilizarse para fabricar fibras celulósicas artificiales (MMCF) a partir de materiales que, de otro modo, serían incinerados o desperdiciados. Si bien la investigación sobre algunas opciones aún se encuentra en una fase inicial, otras están avanzando con el impulso de ‘starups’.


Las fibras no biodegradables dejan
su huella en la tierra
El auge de las fibras y tejidos sintéticos a partir de mediados de la década de 1990 ha permitido la aparición de la moda rápida, con prendas baratas producidas para el mercado masivo y diseñadas según las últimas tendencias. Hoy en día, más de dos tercios de toda la ropa producida está fabricada con fibras sintéticas, como el poliéster o la poliamida(nylon), que son plásticos derivados del petróleo y el gas.
Los impactos negativos en la tierra de la producción de sintéticos pueden incluir:
La economía circular se presenta a menudo como una solución a la contaminación por plásticos y materiales sintéticos en general. Es necesario crear y expandir nuevos modelos de negocio y diseños de productos que alarguen la vida útil de la ropa, y permitan su reutilización, recuperación o reciclaje.
Además, el cambio requiere nuevas políticas, y la industria debe desempeñar un papel importante en la reducción del impacto ambiental de la ropa. También se debe incentivar la innovación relativa a materiales y a tecnologías de reciclaje y se debe concienciar a los consumidores.

Hasta el 40 % de la superficie terrestre del mundo está degradada, y la degradación continúa a un ritmo alarmante. Cada segundo se degrada una superficie equivalente a cuatro campos de fútbol de tierra sana, lo que supone 100 millones de hectáreas o más al año. Invertir en prevención suele ser mucho más rentable que revertir las consecuencias. Restaurar suelos erosionados es un proceso lento.
Europa presenta una distribución bastante equitativa entre las actividades de importación y exportación, incluido el comercio de algodón, lino, cáñamo, fibras celulósicas artificiales y fibras de residuos agrícolas, concretamente naranjas.
Los flujos comerciales textiles más importantes tienen su origen en Asia, donde se exportan cachemira, lana, algodón, poliéster y poliamida, cáñamo y fibras de residuos agrícolas procedentes de posos de café.
Una gran parte de las importaciones se dirigen a Norteamérica desde Asia, incluyendo algodón, cáñamo, fibras celulósicas artificiales y fibras de residuos agrícolas como los residuos vegetales.
La respuesta a ‘¿quién te viste?’ es inequívoca: la tierra.
Al centrarnos en el impacto de la moda en la tierra, podemos promover prácticas más sostenibles que protejan el medio ambiente, conserven la biodiversidad, generen medios de vida sostenibles y garanticen que la tierra siga siendo productiva para las generaciones futuras. Esperamos que esta publicación inspire a los responsables de la toma de decisiones gubernamentales y empresariales, así como a todos los amantes de la moda y consumidores, a crear una industria de la moda más sostenible y respetuosa con la tierra.
La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) trabaja para crear conciencia, promover prácticas sostenibles y abogar por políticas que protejan la tierra de los efectos nocivos de las cadenas de suministro de la moda. A través de la innovación, el abastecimiento responsable y la economía circular, la industria puede avanzar hacia la regeneración de la tierra en lugar de su degradación. Para obtener más recursos, explora el compromiso de la CNULD con la moda y la sostenibilidad de la tierra.



